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Forestería análoga y gestión integrada del paisaje en Sri Lanka

Forestería análoga y gestión integrada del paisaje en Sri Lanka

Este artículo fue publicado en el blog del Global Landscapes Forum por Simon Riley, agrónomo e investigador independiente con la Global AgroEcology Alliance y periodista en desarrollo internacional con la Global South Development Magazine.

Ya que se acercaba el GLF14 y se acababa mi residencia en Sri Lanka, aproveché la oportunidad de visitar el Arboreto y Jardín Forestal de Belipola, un laboratorio vivo donde una estrategia de paisaje integrado ha sido desarrollado en silencio durante las últimas tres décadas. Al llegar a las Colinas Centrales que rodean la aldea rural y remota de Mirihawatta, fui confrontado con una vista panorámica de dos diferentes sistemas de manejo del territorio – y dos modelos diferentes de desarrollo rural – puestos de relieve uno al lado del otro. El contraste es extraordinario.

En las alturas de las colinas circundantes, los bosques nativos han sido completamente talados y reemplazados con plantaciones de Eucaliptos. El fuego es aplicado para quitar malezas del sotobosque, para que no quede más que los desechos del pasto guinea. Más bajo en las cuestas, la tierra está dominada por pequeños huertos de vegetales, cultivados por habitantes de las aldeas que son altamente dependientes en el uso de fertilizantes y pesticidas. La severidad de la erosión de suelos es visible desde una larga distancia, así como la falta de terrazas hechas correctamente, líneas de piedras en curvas de nivel, así como otras medidas de conservación de suelos. A mediodía, el sol pega fuerte en el suelo seco y degradado donde aves, mamíferos, y reptiles que una vez eran comunes ahora son muy escasos.

Por otro lado, Belipola es un oasis de casi 7 hectáreas en un paisaje amenazado, donde la vegetación surge desde el suelo del bosque. Los árboles siempre verdes masivos, palmas majestuosas, y diversos árboles frutales soportan una variedad enorme de trepadoras, lianas, orquídeas, y otras epífitas, mientras una multitud de hierbas, arbustos, y cicas se extiendan en los estratos bajos. El aire es fresco y húmedo; la tierra es suave y mojada. Se puede avistar cálaos (Buceros spp.) en las ramas. Aunque fue fundado relativamente hace poco, el área se parece a un bosque lluvioso tropical maduro. Me dice la gente de Belipola que este es justamente el punto.

Desde la izquierda, Sion Zivetz, Trudy Jurianz, and Ranil Senanayake, durante un taller sobre forestería análoga en el Centro Belipola.

Desde la izquierda, Sion Zivetz, Trudy Jurianz, and Ranil Senanayake, durante un taller sobre forestería análoga en el Centro Belipola.

Sion Zivetz, quien se unió al proyecto en 2012, explicó durante nuestro tour de la finca que cuando fue establecida en 1981 por el Dr. Ranil Senanayake y el Neosynthesis Research Centre, la intención fue desarrollar, comprobar, y refinar las prácticas que después se dieron a conocer como la forestería análoga. Brevemente, el método consiste en seleccionar especies del bosque – ya sean nativas o introducidas – que tienen un valor económico y son análogas a las especies presentes en un bosque natural en varias etapas de sucesión, en términos de estructura física y función ecológica (en este caso, el ecosistema de referencia es el bosque lluvioso tropical de las alturas). Así el terreno sirve para aumentar la biodiversidad y maximizar los servicios ecosistémicos, y al mismo tiempo para apoyar los medios de vida rurales y promover la seguridad alimentaria.

Con todo esto en mente, empecé a tomar un inventario mental de las especies presentes mientras caminábamos por los senderos. Algunas que no reconocí como nativas fueron identificadas por Sion, y gradualmente reconocía la cantidad sorprendente de frutas, nueces, bebidas, especias, madera, leña, medicinas, flores, y otros productos valiosos que brinda este bosque. Además, llegué durante un tiempo cuando la necesidad de prácticas sostenibles del manejo de la tierra era particularmente pronunciada: tras nueve meses de sequía y la degradación casi total de los bosques de la cuenca, la capa freática había bajado hasta el punto de que muchas de las comunidades vecinas empobrecidas habían perdido el acceso a agua potable.

Cuando me reuní con el Dr. Senanayake en su casa en Colombo, no le sorprendió la situación: explicó que ha estado dando advertencias durante años sobre los probables impactos ambientales que resultarían de las políticas de los departamentos de bosques y de agricultura del país, y como por consecuencia harían daño a los residentes locales. Con una combinación de humor y furia, la cual hizo que la conversación fuera muy entretenida, expresó su frustración con la situación en Sri Lanka. “¿Has visitado Belipola?” dijo, disimulando sorpresa, “Nadie del departamento de bosques ha visitado. Ninguna de las ONGs grandes ha visitado tampoco.”

Aun así, tenía esperanza – en su manera – de que la generación de hoy en día se movilizara cada vez más a favor de una estrategia a nivel del paisaje para el manejo del territorio, y que una estrategia holística estaba ganando credibilidad dentro el sector del desarrollo, y que estaba aumentando el momentum en el movimiento de establecer un marco de políticas de apoyo. Cuando yo le pregunté su opinión de por qué era así en este momento, tuvo una respuesta sencilla:

“¡Ya es hora!”

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