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Construcción Natural – Vivir con la Tierra

Construcción Natural – Vivir con la Tierra

Hace 4 años me mudé a Costa Rica con ganas de viajar, tener nuevas experiencias y abrir la mente a otras culturas. Habiendo nacido en la ciudad de Buenos Aires, una verdadera “megaciudad” de 4 millones de habitantes, las visitas a los bosques o lugares naturales eran solo una salida en familia una vez al año.

Después de 3 años en la universidad había algo adentro de mí que me llamaba a aventurarme a lo desconocido y como ya conocía a Eco-Era, me contacté con ellos en busca de una oportunidad de hacer un voluntariado por unos meses. De esta forma me empecé a contactar con la gente y organizaciones que tienen estos mismos ideales y al poco tiempo me encontré con Milo Bekins quien me abrió las puertas a la forestería análoga a través de la cual la reforestación y la producción de productos comerciables van de la mano.

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La idea de la forestería análoga me fascinó ya que siempre fui partidario de que no alcanza con tener huertas y crecer comida para generar un cambio sino que hay que hacer un trabajo más profundo para realmente empezar a sanar al planeta. Aunque todo parecía muy completo, había algo que faltaba.

Hoy en día alimentarnos sanamente, cuidar el bosque, reciclar, son conceptos que aunque pocas veces manifestados, están cada día más presentes. Pero hay algo de lo que no se habla mucho y tiene un valor igual de importante a la hora de llevar una vida en armonía con el planeta: ¿qué tan sustentables son nuestras viviendas? ¿Nuestros edificios? ¿de dónde vienen los materiales? ¿Cómo es posible que estemos tan enajenados de un proceso tan importante en nuestro paso por el planeta como nuestro hogar?

No siempre fue así. Hace menos de 200 años la gente todavía construía con elementos naturales, con ayuda de sus amigos y vecinos. Las casas eran menos dependientes de calefacción y ventilación artificial, y toda la familia participaba del proceso de construcción. Así fue como me empecé a interesar por estos antiguos conocimientos de construcción natural.

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Gracias al apoyo de la RIFA apliqué para la beca que ofrece Both Ends a través de la iniciativa JWH, que busca fortalecer habilidades de liderazgo en jóvenes alrededor del mundo. Mi idea era de llevar a cabo un curso de construcción natural, y finalmente fui a dar con un taller de construcción natural con la técnica ‘cob’ (ver aquí para más información).

El adobe (cob) es uno de los muchos métodos de construcción con tierra. Es un tipo de construcción simple y con mucha libertad de diseño. Estas cualidades llamaron poderosamente mi atención y así fue como encontré un curso de Cob en un pequeño pueblo en el sur de Oregon en los Estados Unidos.

Así conocí a Ishe y Craig, una pareja en sus cincuenta, ella solía ser agente de bienes raíces y él contratista de construcción convencional. Hace un año se mudaron a una finca en las afueras de Roseburg, y su primer proyecto fue empezar a construir su vivienda. Ishe tenía experiencia con cob gracias a cursos y talleres y Craig tenía su experiencia de constructor convencional.

El curso se basa en clases diarias basadas en el libro The Hand Sculptured House (Evans, Smiley, Smith) y varias horas de trabajo con las manos en el barro. No se reciben más de 4 participantes para facilitar la intimidad y conexión del grupo. El curso empezó con Ishe diciéndonos: “yo no estoy aquí a enseñarles nada nuevo, estoy para ayudarles a desbloquear el conocimiento que tienen adentro y que todos tenemos y nos hemos olvidado como especie, de que no necesitamos depender de nadie, ni de tener dinero para tener una casa”.

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Y de ahí, manos a la obra, a empezar a mezclar arcilla, arena y paja y entender cómo estos elementos trabajan juntos, y como lograr una mezcla resistente y balanceada. Una vez que pudimos ver diferentes resultados y analizarlos nos empezamos a dar una idea de cómo lograr un “buen cob”. Los primeros días la mente se va abriendo a un mundo de diseños nuevos, curvas y estructuras sin geometría aparente, sin ángulos rectos, sin herramientas eléctricas, donde las manos son el puente que nos conecta con la tierra y la creatividad inexplorada.

Trabajar con el cob me hizo darme cuenta de que en nuestras sociedades “avanzadas” vivimos en edificios antiecológicos, con medidas, ángulos y estructuras predefinidas que nos limitan a usar maquinaria pesada y tener que comprar nuestros materiales en vez de mirar en lo que tenemos alrededor y la tierra ofrece en abundancia y gratis. El cob ofrece otro tipo de arquitectura, una que alimenta nuestro espíritu, nos hace sentir bien y eleva nuestra calidad de vida.

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