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Restaurando la sostenibilidad en la agricultura de Sri Lanka (Ranil Senanayake)

Restaurando la sostenibilidad en la agricultura de Sri Lanka (Ranil Senanayake)

Sri Lanka mantuvo intacto un ecosistema masivo de tierras altas hasta el advenimiento de la experiencia colonial. Los suelos de cultivo de arroz así como el sistema agroecológico fueron un sistema co-evolucionado que mantuvo su potencial de producción, literalmente, por miles de años. La historia demuestra que la gran capital terrenal de esta nación se perdió con la entrada de la agricultura de plantación colonial y la aparición de la «agricultura moderna» que destruyó el potencial productivo de todos los suelos agrícolas.

Para apreciar esta perdida y la consecuente dependencia en químicos para cosechar, la acción del ecosistema del suelo debe ser apreciada. La agricultura y los suelos forestales son ecosistemas muy energéticos. Se ha estimado que un gramo de buen suelo agrícola puede contener alrededor de 1 billón de bacterias individuales, más de 100 millones de actinomicetos individuales y por encima de 1 Km de hifas fúngicas; esto sin dejar de lado plantas como las algas y animales como colémbulos, nematodos o gusanos. En total estos microorganismos suman aproximadamente de 7-11 toneladas de materia viva por hectárea en los 15 cm superiores del suelo. Es esta materia viviente proporcionando de 6-10 caballos de fuerza de energía libre por día lo que mantuvo la fertilidad de nuestra agricultura tradicional. Estos suelos no requerían nada más que pequeñas adiciones de materia orgánica para mantener su productividad y el agricultor era capaz de proveer esto a través de prácticas tradicionales sin insumos externos.

Durante la temprana parte de los 60’s cuando hubo un gran énfasis en desarrollar nuestra agricultura, se observó que los rendimientos eran menores que en nuestros países vecinos. Las razones fueron, mala semilla y pesadas infestaciones de malezas. El programa de la escuela de desyerbado instituido hacia finales de los 60’s fue registrado por “National Geographic” de incrementar la productividad en un 200% por simplemente desyerbar los campos a mano en el momento adecuado. Con el advenimiento de la ‘Revolución Verde’ que promovió sistemas agrícolas de entradas químicas y de alta energía, nuestros agricultores perdieron su habilidad de manejar independientemente sus fincas y con los años y las generaciones, perdieron su conocimiento y las prácticas agrícolas autóctonas.

La comunidad agrícola no estaba consciente de los peligros. En 1998, el Foro del Agricultor de Sri Lanka comprometiendo a más de 320 delegados, en su declaración al Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) observó que las tendencias actuales en la investigación agrícola estaban creando una “completa dependencia de los cultivos de altos insumos que nos robaron de la independencia de las cosechas”. Esta fue una temprana acusación de esta tendencia, y astutamente observada por nuestros agricultores tradicionales “sin educación”.

Esto demuestra una erosión de nuestras tradiciones y de nuestra humanidad. Hoy, gran parte del agroecosistema de arroz tradicional ha desaparecido para darle paso a nuevas variedades y medidas de manejo. Con esta nueva ‘visión’ la cantidad de toxinas rociadas en el medio ambiente comienza a incrementar y el componente de energía fósil utilizado en la producción agrícola continua en aumento.

La razón para este cambio brota de un axioma ecológico que cita que “el flujo de energía a través de un ecosistema tiende a organizar y simplificar ese sistema”. Cuanta más energía se aplique a un ecosistema más simple este se volverá. Por lo tanto la aplicación de fertilizantes y agrotoxinas hacia el suelo tenderá a reducir la biodiversidad y la biomasa de dicho suelo. Conforme esto se reduce también disminuye la capacidad del suelo de ser productivo, creando un ciclo vicioso que finalmente resulta en una completa dependencia de insumos externos para mantener la productividad. Un proceso claramente demostrado por la agricultura de Estados Unidos que se ha encontrado de ser cada vez más dependiente de una tasa creciente de entrada de energía para producir una unidad de producto. En los Estados Unidos el retorno de energía de los cultivos de maíz pasó de +3,70 por cada unidad invertida en 1945 a -2,50 para el año 2000. Esto ha llevado al comentario de que en los Estados Unidos “toda la energía que uno deriva de la alimentación proviene del petróleo”.

El camino a seguir para restaurar el suelo y las practicas agrícolas de Sri Lanka debe tener dos características. Una es la re-capacitación de los agricultores en el manejo de sus tierras sin insumos pesados de energía y toxinas. La otra es la de reconstruir la fertilidad de las suelos agrícolas de manera que la productividad natural sea restablecida. Desafortunadamente no existe un plan para hacer la transición hacia una producción óptima con pocos o nada de insumos externos, y la ignorancia de esa práctica, ha llevado a los guardianes de nuestra política, planificación, e implementación agrícola a sólo depender de la distribución de más del fertilizante adictivo.

Además, cuando el suelo pierde so cobertura forestal y las entradas de materia orgánica para alimentar a los organismos vivientes dentro del suelo, la fertilidad disminuye, y la salud general de las plantas del suelo pierde su fuerza cohesiva. La pérdida de fuerza de cohesión acelera los procesos erosivos lo cual están provocados por la perdida de agentes vinculantes del suelo, tanto macroscópicamente como microscópicamente.

Los agentes de unión macroscópicos son las raíces y los compuestos de plantas. Los agentes microscópicos son las gomas bacterianas, polisacáridos y humatos. Con un incremento en la agricultura intensiva dependiente de químicos hay una pérdida correspondiente de microorganismos que proveen fuerza cohesiva a los suelos. El resultado es erosión en clima húmedo y un aumento de polvo durante el tiempo seco. El peor estado resulta en derrumbes y la erosión pesada del suelo.

Un aspecto crítico en la transición de suelos agrícolas dependientes de energía a sostenibles, es construir la biota del suelo. Con sólo detener la aplicación de fertilizantes artificiales no bastará. La materia orgánica y la biota tienen que sumarse al suelo en un sistema secuencial que cree un ecosistema de suelos robusto.

Hay muchos enfoques para este aspecto. Uno de ellos es la adición de compost y plantas de raíces profundas, otro es mediante la inoculación con cultivos de bacterias del suelo, y el tercer enfoque es a través de la incorporación de » abono verde » que se cosecha como un cultivo de preparación antes de labrar. Además hay muchas empresas comerciales y agricultores en Sri Lanka y en el extranjero con una larga experiencia en la restauración del suelo y la producción orgánica.

Por lo tanto, parece útil reunir la experiencia existente en la agricultura ‘orgánica’ o sostenible en el sur de Asia y de todo el mundo, y desarrollar un programa nacional para la restauración de la productividad de nuestros campos agrícolas y un alejamiento de la ‘agricultura dependiente de combustibles fósiles’.

Además hay muchos ejemplos de fincas en Sri Lanka que se han alejado de los regímenes agrícolas químicos hacia los regímenes de agricultura ecológica sin la pérdida de cultivos. Estas fincas deben ser estudiadas y se debe realizar una comparación entre estas y las prácticas agrícolas actuales.

Cambiar debemos, pero se debe hacer de una manera juiciosa, de forma gradual, adecuando nuestros agricultores a las metas adoptadas por el Excmo. D. S. Senanayake en su libro “Agricultura y Patriotismo”.

“La agricultura no es meramente una manera de hacer dinero por medio de cultivar la tierra; no es meramente una industria o una empresa; es esencialmente una función pública o servicio realizado por particulares privados para el cuidado y uso de la tierra en el interés nacional; y los agricultores en el curso de asegurar una vida y un beneficio privado son los custodios de la base de la vida nacional. La agricultura por lo tanto se ve afectada por un claro e incuestionable interés público y su estado es un asunto de interés nacional que hace un llamado a políticas nacionales deliberadas y con visión del futuro, no sólo para la conservación de los recursos nacionales y humanos que intervienen en ella, sino para proporcionar la seguridad nacional, promover una prosperidad bien redondeada y una estabilidad social y política segura”.

De esta manera una de las primeras acciones recomendadas es comenzar un programa de concientización nacional. La verdadera conexión entre la alimentación y la salud debe ser reforzada. Junto con un programa nacional escolar amplio y un programa de educación de adultos a través de los medios.

Lo siguiente será apoyar la creación de modelos dentro de cada agroecosistema. Idealmente este trabajo debería ser realizado por un comité integrado por el Ministerio de Agricultura, distintos departamentos, ONG’s y grupos de agricultores.

Paralelamente debería haber un estímulo para compañías que proveen insumos biológicos para la agricultura sostenible y para compañías que comercializan y exportan ‘productos orgánicos’.

Debe haber un enlace entre la EDB, el Instituto de Estándares de Sri Lanka, certificadores orgánicos y SLAB en materia de certificación de productos libres de toxinas.

Debe haber un programa en la contabilidad energética de nuestra producción de alimentos, donde se reporte sobre la cantidad de insumos externos requeridos para aumentar una unidad de producto.

Hemos causado karma negativo sobre nosotros, no sólo por envenenar los suelos y matar a toda la vida que dependía de nuestro ecosistema de arroz, pero también por vender alimentos llenos de veneno y alimentar a nuestros hijos y padres toxinas que los hacen enfermos y débiles.

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